La Comunicación de la Fe (I)


Cuando echo ratos a mi tesis, de vez en cuando, para despejarme, suelo hacer una rápida a los que ocurre en FaceBook. Esta vez encontré un texto que ha compartido mi amigo Luis Javier Moxó y que deseo compartir con usted por los claros y útiles consejos que da:

Está escrito por D. Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra en el L'Osservatore Romano, pero también está disponible en Zenit. Se llama “Diez reglas para comunicar la Fe” y lo que indica está muy relacionado con diversas entradas que he publicado en ECLESIASTIC sobre la problemática de la comunicación de la Fe mediante las TIC. El texto es largo, por lo que he decidido dividirlo en cuatro entradas para comentar con detenimiento lo que nos comunica.

La primera parte corresponde la introducción:

La comunicación de la fe es una cuestión antigua, presente en los dos mil años de vida de la comunidad cristiana, que siempre se ha considerado mensajera de una noticia que le ha sido revelada y es digna de ser comunicada. Pero es también una cuestión de candente actualidad. Desde Pablo VI hasta Benedicto XVI, los Papas no han dejado de señalar la necesidad de mejorar la comunicación la fe.

Con frecuencia, este tema se relaciona con la “nueva evangelización”.  En ese contexto, Juan Pablo II ha afirmado que la comunicación de la fe ha de ser nueva "en su ardor, en sus métodos, en su expresión". Aquí nos referiremos en particular a la novedad en los métodos.

Hay factores externos que obstaculizan la difusión del mensaje cristiano, sobre los que es difícil incidir. Pero cabe avanzar en otros factores que están a nuestro alcance. En ese sentido, quien pretende comunicar la experiencia cristiana necesita conocer la fe que desea transmitir, y debe conocer también las reglas de juego de la comunicación pública.

Partiendo, por un lado, de los documentos eclesiales más relevantes y, por otro, de la bibliografía esencial del ámbito de la comunicación institucional, articularé mis reflexiones en una serie de principios. Los primeros se refieren al mensaje que se quiere difundir; los siguientes, a la persona que comunica; y los últimos, al modo de transmitir ese mensaje en la opinión pública.

De esta introducción es importante reseñar que la comunicación del Mensaje Cristiano ha sido siempre problemática. Si además entramos a comunicar el Misterio, los problemas se elevan de manera imposible de abordar sin utilizar un lenguaje místico a base de símiles, signos y símbolos.

Debemos cuidar el nivel en el que nos comunicamos e intentar adecuarnos a la comprensión de quien tenemos delante. Adecuar el lenguaje y los métodos no puede conllevar dejar de decir nada y perder el significado de lo que se transmite, ya que si lo hacemos desvirtuamos el propio cristianismo.

El autor nos habla de factores internos que no son fácilmente abordables y que podríamos resumir por medio de los conceptos de prejuicio e ignorancia.

  1. La ignorancia puede ser atendida si somos conscientes de ella, pero a veces nuestro interlocutor sabiamente la esconde y nos deja hablar sin llegar a entendernos.
  2. Los prejuicios son de muchos tipos. A veces requieren años de paciencia y mucha confianza para ser abordados. Otras veces son imposibles de abordar.

En este punto podríamos pensar en el episodio bíblico de la conquista de Jericó. ¿Qué armas utilizan los israelitas para hacer caer las murallas?

"Josué se levantó de mañana y los sacerdotes tomaron el arca de Yahveh. Siete sacerdotes, llevando las siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca de Yahveh, iban caminando y tocando las trompetas según caminaban. La vanguardia iba delante de ellos y la retaguardia detrás del arca de Yahveh, desfilando al son de las trompetas. Dieron (el segundo día) una vuelta a la ciudad y volvieron al campamento. Se hizo lo mismo los seis días. El séptimo día, se levantaron con el alba y dieron la vuelta a la ciudad (según el mismo rito) siete veces. (Sólo aquel día dieron la vuelta a la ciudad siete veces.) La séptima vez, los sacerdotes tocaron la trompeta y Josué dijo al pueblo: «¡Lanzad el grito de guerra, porque Yahveh os ha entregado la ciudad!»". (Josué 6, 12-16)

Las trompetas se pueden entender como el testimonio que habla mucho mejor que los discursos. Sin testimonio personal y comunitario, es imposible destruir las murallas que han creado muchas personas.

Hay otros factores que sí podemos abordar desde quien comunica la Fe y que centran el grueso de este texto. Pero antes de entrar en materia, el autor indica dos elementos fundamentales que no debemos perder de vista:

  1. Se necesita conocer la fe que desea transmitir. El conocimiento debe ser consistente y ser capaz de responder a las dudas y problemas que quien escucha desee plantear.

  1. De deben conocer las reglas de juego de la comunicación pública. En un mundo saturado de información, nuestros oyentes nos darán una oportunidad breve. Si no conectamos en esa “ventana” comunicativa, es muy probable que el interlocutor se despida y desaparezca. Estas ventanas a veces son muy cortas, de tan solo segundos. Otras veces pueden durar más. Todo está en función de las circunstancias que rodean la comunicación. A veces la ventana es tan corta que sólo podemos comunicar una sonrisa cercana y propiciar una próxima ventana más larga. Tengamos en cuenta que a veces quienes tenemos delante “temen” dejarnos hablar.

En el caso de lo blogs, foros, redes sociales, es importante intentar no saturar al quien accede a nuestros escritos y multimedios. Mejor breve y directo que largo y con rodeos.

En un par de días continuo con el texto. No dude en compartir sus impresiones con nosotros. Comunicar crea comunidad.

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